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sábado, 23 de octubre de 2021

El Director General de la OMS otorga un premio póstumo a la difunta Henrietta Lacks

En reconocimiento de su vida, su legado y su contribución a la ciencia médica

El Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus honró a la difunta Henrietta Lacks con un premio del Director General de la OMS en reconocimiento del legado mundialmente transformador de esta mujer afroamericana que murió de cáncer del cuello uterino hace 70 años, el 4 de octubre de 1951. 

Mientras buscaba tratamiento, los investigadores tomaron biopsias del cuerpo de la Sra. Lacks sin su conocimiento ni consentimiento. Sus células se convirtieron en la primera línea celular «inmortal» y han permitido avances científicos incalculables, como la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), la vacuna contra la poliomielitis, fármacos contra la infección por el VIH y los cánceres y, más recientemente, la investigación fundamental acerca de la COVID-19. 

Sorprendentemente, la comunidad científica mundial ocultó en su día la raza de Henrietta Lacks y su verdadera historia, un error histórico que tratamos de subsanar con el reconocimiento de hoy.

«Al rendir homenaje a Henrietta Lacks, la OMS destaca la importancia de reconocer las injusticias científicas del pasado y de promover la equidad racial en la salud y la ciencia,» dijo el Dr. Tedros. «También es una oportunidad para reconocer a las mujeres —en particular a las mujeres de color— que han hecho contribuciones increíbles, pero a menudo inadvertidas, a la ciencia médica.»

El premio fue recibido en la oficina de la OMS en Ginebra por Lawrence Lacks, el hijo de la señora Lacks, de 87 años. Es uno de los últimos familiares vivos que la conocieron personalmente. El Sr. Lacks estuvo acompañado por varios nietos, bisnietos y otros familiares de Henrietta Lacks.

«Estamos conmovidos al recibir este reconocimiento histórico brindado a mi madre, Henrietta Lacks, con el que se rinde homenaje a una mujer extraordinaria y al impacto duradero de sus células HeLa. Las contribuciones de mi madre, antes ocultas, reciben ahora el justo reconocimiento por su impacto mundial,» dijo Lawrence Lacks Sr., el hijo mayor de Henrietta Lacks. «Mi madre fue una pionera en vida: contribuyó a su comunidad, ayudó a otros a vivir mejor y cuidó de los demás. Una vez fallecida sigue ayudando al mundo. Su legado sigue vivo en nosotros, y le agradecemos que diga su nombre: Henrietta Lacks

Una historia icónica de inequidad, injusticia y disparidades en materia de salud con relevancia contemporánea 

En la actualidad, las mujeres de color siguen viéndose afectadas de forma desproporcionada por el cáncer del cuello uterino, y la pandemia del COVID-19 ha puesto de manifiesto las numerosas grietas en las que persisten las desigualdades en materia de salud entre las comunidades marginadas de todo el mundo. Los estudios realizados en varios países documentan sistemáticamente que las mujeres negras mueren de cáncer del cuello uterino a un ritmo varias veces superior al de las mujeres blancas, mientras que 19 de los 20 países con mayor carga de cáncer del cuello uterino se encuentran en África. 

Las conversaciones de la familia con la OMS se centraron especialmente en la ambiciosa campaña de la Organización para eliminar el cáncer del cuello uterino. El año pasado, en el que se celebró el centenario del nacimiento de Henrietta Lacks, coincide con el año inaugural de la Estrategia Mundial de la OMS para Acelerar la Eliminación del Cáncer del Cuello Uterino. Esta campaña histórica marca la primera vez que todos los Estados Miembros de la OMS decidieron colectivamente eliminar un cáncer.

La familia también se une a la OMS en la defensa de la equidad en el acceso a la vacuna contra el VPH, que protege contra una serie de cánceres, incluido el del cuello uterino. A pesar de haber sido precalificada por la OMS hace más de 12 años, las limitaciones de suministro y los altos precios siguen impidiendo que las dosis adecuadas lleguen a las niñas de los países de ingresos bajos y medios.

En 2020, menos del 25% de los países de ingresos bajos y menos del 30% de los países de ingresos medios-bajos tenían acceso a la vacuna contra el VPH a través de sus programas nacionales de inmunización, en comparación con más del 85% de los países de ingresos altos.

«Es inaceptable que el acceso a la vacuna contra el VPH, que salva vidas, esté condicionado por la raza, el origen étnico o el lugar de nacimiento,» dijo la Dra. Princess Nothemba (Nono) Simelela, Subdirectora General de Prioridades Estratégicas y Asesora Especial del Director General. «La vacuna contra el VPH se desarrolló utilizando las células de Henrietta Lacks. Aunque las células se tomaron sin su consentimiento y sin su conocimiento, ella ha dejado un legado que podría salvar millones de vidas. Le debemos a ella y a su familia lograr un acceso equitativo a esta vacuna innovadora.»

La notable contribución de Henrietta Lacks a la medicina 

Henrietta Lacks era una joven madre que estaba criando a sus cinco hijos junto a su marido cerca de Baltimore cuando cayó enferma. Acudió al Johns Hopkins tras sufrir una intensa hemorragia vaginal y se le diagnosticó un cáncer del cuello uterino. A pesar del tratamiento, su vida se truncó el 4 de octubre de 1951. Solo tenía 31 años.

Durante el tratamiento, los investigadores tomaron muestras de su tumor. Esa línea celular «HeLa» se convirtió en un avance científico: la primera línea inmortal de células humanas que se dividía indefinidamente en un laboratorio. Las células se produjeron en masa, con fines lucrativos, sin que su familia recibiese ningún reconocimiento. Más de 50 000 000 toneladas métricas de células HeLa se han distribuido por todo el mundo, siendo objeto de más de 75 000 estudios. 

Además de la vacuna contra el VPH, las células HeLa permitieron desarrollar la vacuna antipoliomielítica y medicamentos contra el VIH/sida, la hemofilia, la leucemia y la enfermedad de Parkinson; realizar avances en materia de salud reproductiva, incluida la fecundación in vitro; realizar investigaciones sobre las afecciones cromosómicas, el cáncer, la cartografía genética y la medicina de precisión; y llevar a cabo estudios para responder a la pandemia del COVID-19. 

Tras la presentación del premio, la familia y la OMS se dirigirán a las orillas del lago de Ginebra para ver cómo el emblemático Jet d'Eau de la ciudad se ilumina de color verde azulado —el color de la concienciación sobre el cáncer del cuello uterino— para rendir homenaje al legado de Henrietta Lacks y agrader el apoyo de la familia a la campaña mundial para eliminar la enfermedad. Es el primero de varios monumentos de todo el mundo que se iluminarán de color verde azulado de aquí al 17 de noviembre, con el fin de conmemorar el primer aniversario del lanzamiento de la campaña mundial de eliminación. 

Citas de otros participantes

«A través de la iniciativa HELA100 sustentada en el legado de Henrietta Lacks, mi familia se solidariza con la OMS y con nuestras hermanas de todo el mundo para garantizar que ninguna otra esposa, madre o hermana muera innecesariamente de cáncer del cuello uterino,» dijo Victoria Baptiste, bisnieta de Henrietta Lacks. «Como enfermera titulada, me siento orgullosa de estar aquí hoy para honrar el legado de mi bisabuela, abogando por garantizar un acceso equitativo a los avances que sus células HeLa propiciaron, como la vacuna contra el VPH. Es justo que, al conmemorar el 70.º aniversario de las células HeLa de Henrietta Lacks y de su prematuro fallecimiento, nos apoyemos en su legado para garantizar un acceso equitativo de todas las personas a los avances en la prevención y el tratamiento del cáncer.»

«Aunque su vida se vio truncada, las contribuciones de Henrietta Lacks a la medicina han dado lugar a notables avances científicos que han salvado innumerables vidas y nos han acercado a la eliminación del cáncer del cuello uterino,» declaró la Dra. Senait Fisseha, copresidenta del grupo consultivo de expertos del Director General sobre la eliminación del cáncer de cuello uterino. «Su historia es también un claro ejemplo de cómo las mujeres negras han sido relegadas durante mucho tiempo en la atención de salud y siguen siendo relegadas en la actualidad. Aplaudo a la OMS por haberla reconocido, un paso vital para reconocer el increíble impacto que tuvo en la ciencia y honrar su legado en la promoción de la justicia sanitaria para las personas de todo el mundo.»

«La lucha por la eliminación del cáncer del cuello uterino forma parte de la lucha más amplia por los derechos humanos,» dijo el Dr. Groesbeck Parham, quien participó en el movimiento por los derechos civiles cuando era adolescente en Birmingham (Alabama), y que ahora es experto clínico en la iniciativa de la OMS para la eliminación del cáncer del cuello uterino y copresidente del grupo consultivo de expertos del Director General. «A través de sus células inmortales, la señora Henrietta Lacks nos habla y llama nuestra atención sobre los millones de mujeres jóvenes y madres de los países de ingresos bajos que siguen muriendo de cáncer del cuello uterino porque no pueden acceder ni permitirse adquirir los medicamentos, tecnologías y procedimientos médicos que salvan vidas y que están fácilmente disponibles en los países de ingresos altos. Las preguntas que plantea el espíritu y el legado de la señora Henrietta Lacks son: ‘por qué existe esta situación’, ‘cuáles son las soluciones’ y ‘cuándo se van a aplicar.’»

Publicado por la Organización Mundial de la Salud -Comunicado de prensa – Ginebra – 13/10/21

 

 

sábado, 16 de octubre de 2021

Rosa Duarte, una superviviente que muestra cómo las mujeres reinventan sus vidas y su trabajo tras la violencia y la pandemia.

OIT Colombia/András Felipe Mancera Mancera

 

Con la ayuda de la Organización Internacional del Trabajo, Rosa Duarte recibe formación laboral para mitigar las barreras que impiden a las víctimas su inserción laboral o generación de ingresos.

Tras huir del crimen organizado, Rosa Duarte reinventó su vida en Colombia hasta que llegó la pandemia de COVID-19 y tuvo que reinventarse de nuevo, esta vez con el apoyo de la ONU-que le ofreció una formación que ahora ella recomienda a otras mujeres. 


Con la pandemia de COVID-19, en el mundo entero se popularizaron palabras como reinventarse, reconstruir, recuperarse o resiliencia tras los millones de formas de vida pérdidas que trajo consigo el virus. Palabras con las que las víctimas de la violencia en Colombia han convivido por décadas. 

Según la Real Academia de la Lengua el prefijo re- significa 'repetición', 'detrás de' o 'hacia atrás', 'intensificación’, ‘oposición', 'resistencia' o 'negación', un conjunto de acepciones diversas que leídas al unísono parecieran reunir todo lo que trajo consigo el año 2020, de la misma manera que significan todo lo que Rosa Duarte había ya vivido en 2008.  

En aquel año, durante el mes de marzo, la brisa de la noche traía la frescura ansiada por las gentes del popular barrio 7 de Abril, luego de un calor ardiente, como suelen ser los días que anteceden a la primavera en la septentrional costa colombiana, donde se ancla a orillas del mar Caribe, la alegre y carnavalesca ciudad de Barranquilla. 

Iban a ser apenas las nueve, cuando El Corroncho Villa, un vecino y buen amigo del sector, llegó de prisa con su rostro empalidecido por la angustiosa noticia que trae para la pareja de esposos, Rosa Duarte, de 23 años, y Rafael Jiménez, de 28, y que los lleva, de inmediato, a abandonar junto a sus dos pequeñas hijas, la casa que con años de sacrificio lograron construir, cimentados en los sueños y la sana ilusión de sacar adelante a una familia.    

Poco tiempo atrás, gracias a un préstamo bancario, Rosa había conseguido montar en dicha zona de la deprimida Curramba, una pequeña tienda de barrio bien surtida, donde vendía de todo, menos licor y cigarrillos, esto por razones religiosas.  

Lo que Rosa y Rafael no sabían antes de iniciar el emprendimiento, era que, en aquel barrio de la zona metropolitana de Barranquilla, todo aquel que deseara abrir un establecimiento de comercio, debía pagar un monto, más conocido como vacuna, a las bandas criminales organizadas que operaban en el sector, bajo el pretexto de tomar el servicio de seguridad privada que ellos obligatoriamente ofrecían. 

Tras la seria amenaza de muerte, por no haber podido cumplir con el pago de varias cuotas semanales; Rosa, Rafael y sus pequeñas hijas, para salvaguardar sus vidas, debieron huir esa noche, escondidos entre los chécheres de un camión de acarreos que casualmente pasaba por ahí. Se fueron tan sólo con la ropa que traían puesta. Debieron dejarlo todo atrás, sus sueños, sus esfuerzos, absolutamente todo cuanto habían construido durante varios años de sacrificio y trabajo.  

Rosa recuerda y narra especialmente este hecho como el comienzo de lo que ella considera fue una huida incesante que los lleva a recorrer una geografía del país profundamente marcada por la violencia, pero es en Necoclí, municipio del departamento de Antioquia, donde se encuentran frente a frente con el conflicto armado que vivió el país; su familia, como la mayoría en aquella región denominada Urabá, quedaban en medio de una disputa por el control del territorio que por décadas había sido escenario del narcotráfico al estar privilegiado con puertos estratégicos de embarque.  

Esta situación lleva a Rosa a constituirse legalmente como víctimas del conflicto armado en el mes de marzo de 2012, aunque de esta parte de su vida prefiere no dar más detalles. 

Reinventarse 

Tras aquella larga travesía, Talaigua Nuevo es el municipio donde, haciendo honor a su nombre, los Jiménez Duarte encuentran la oportunidad de un nuevo comienzo. Ubicado en el departamento de Bolívar, residen allí hasta la fecha y Rosa recuerda que iniciaron vendiendo cocadas dulces, sopas mixtas, fritos, bollos de maíz y queso biche para sostener a su familia. 

Impulsada por esa perseverancia que Rosa asegura llevan consigo todas las víctimas del conflicto, ahorró y compró una moto para destinar al servicio de mototaxismo, un ingreso que complementó con la venta de productos por catálogo, aunque su sueño de niña era otro.

“Yo soñaba ser presentadora de televisión, estar donde se origina la noticia, me imaginaba en el canal del león, el canal A, si no me falla la memoria. También quería tener una casa grande donde pudiera albergar a los jóvenes que tienen conflictos en sus casas porque es muy doloroso cuando eres maltratado y no tienes ni un padre, ni una madre (parte de su propia historia). Desafortunadamente no he podido lograr ese anhelo, pero siempre he tenido presente que quien da no es quien tiene más, quién da es quien quiere dar. A quien le nace del alma bendecir de lo poco que tiene”, asegura en declaraciones a Noticias ONU. 

Cierto día, un conocido del pueblo que sabía de su liderazgo y actitud de servicio, la invitó a postularse como representante en la Mesa Municipal de Participación Efectiva de Víctimas, un espacio de representación de la población afectada por el conflicto colombiano. La Mesa tenía por objetivo la construcción, ejecución y control de las políticas públicas para las víctimas.  

“A pesar de que Dios me ha regalado una buena oratoria, no di para dar un discurso cuando me postularon en la Mesa simplemente les dije que, si Dios, ponía gracia en mí para que las mujeres de todo Bolívar me dieran su aprobación, ahí iba a estar para dar los esfuerzos necesarios para trabajar en pro de ellas. Aunque no he cumplido al 100 % con esa promesa debido a que la pandemia ha sido una gran limitante, he sido incansable en mi lucha, sobre todo, a favor de la educación y la capacitación de las mujeres de Bolívar”, explica. 

Rosa, por su compromiso con la población, fue elegida por todos y hoy su aportación en la Mesa, asegura, es una aventura gratificante llena de logros y trabajo, al poder promover la participación y el empoderamiento principalmente de las mujeres. 

“Llegue a una Mesa Municipal sin saber nada, pero con hambre y sed de dar lo mejor de mí para mitigar un poco ese impacto que la violencia ha dejado en muchas de nuestras mujeres. Porque las mujeres han sido las que han puesto la cuota de dolor más alta en esta guerra absurda”, asegura. 

Reconstruir mejor 

Entretanto, Rosa, al igual que millones de personas en el país, no estuvo exenta de sufrir los embates de la crisis que trajo consigo la pandemia, por la que tuvo que vender su moto y expandir su oferta.  

“Puse en práctica cursos de procesamiento de frutas y hortalizas y otro de bisutería, hacia mis pulseritas, mis bocadillos de guayaba, muchísimo bollo de maíz”, asegura. 

Precisamente velar por esas oportunidades de formación que de alguna manera le brindaron a ella, en medio del confinamiento, la posibilidad de sostenerse, ha sido la bandera de Rosa como representante de la Mesa Municipal desde el comienzo, quién asegura que sólo con educación y empleo se logrará la paz en Colombia. 

Fue así como la misma Rosa incidió para que las mujeres de su comunidad pudieran acceder a programas como “Formándonos para el Futuro” del Ministerio del Trabajo y la Organización Internacional del Trabajo al que ella se vinculó desde el año 2020 en la modalidad de Análisis y Programación de Sistemas.  

“Una de las cosas más importantes que me llevó a tomar esta formación fue capacitarme para poder obtener un título y decirles a mis hijos: mire tengo 40 años y si yo puedo ustedes también, así como todas las víctimas”, comenta. 

Un informe reciente de la Organización Internacional del Trabajo advierte que el efecto solamente de los tres primeros meses de confinamiento en el mercado de trabajo en Colombia fue equivalente a perder el número de empleos femeninos generados en los últimos 11 años.  

Favorecer la formación para el trabajo que reduzca la brecha digital por la que muchas mujeres se ven marginadas de oficios asociados a la virtualidad, así como también incentivar su vinculación a formación para trabajos tradicionalmente masculinos, es una de las principales recomendaciones de esta agencia de la ONU para lograr poner a las mujeres en el centro de la reactivación. 

Formándonos para el Futuro es un programa de formación técnico laboral diseñado en el marco de la ruta de inclusión laboral; su objetivo es mitigar las barreras que impiden a las víctimas su inserción laboral o generación de ingresos. Para 2021, el programa ha vinculado a 27 municipios a lo largo y ancho del país con la participación de más de 1611 colombianos víctimas del conflicto armado.  

El Distrito Turístico y Cultural de Cartagena de Indias, departamento de Bolívar, cuenta con la vinculación de 77 participantes; es allí donde Rosa Duarte, con alegría y entusiasmo, supera la pandemia y el dolor que años atrás le dejó la experiencia de vivir el temor de su desplazamiento, hoy con orgullo y humildad, le hace su aporte a la paz de Colombia, así como lo hacen otros miles de mujeres anónimas, mujeres de la paz, como ella se autodenomina.  

Reportaje producido por la Oficina de OIT para los Países Andinos en Colombia. 

Publicado por: Noticias ONU – Mirada Global – Historias Humanas -6 de octubre 2021 -

 

 

 

Agente 355, la misteriosa espía de George Washington durante la Revolución Americana

 

Agente 355 suena a personaje de cómic o a protagonista de una serie televisiva, pero en realidad es el apodo de una figura real: una espía que actuó durante la Revolución Americana a favor de los rebeldes y que, por tanto, se la podría considerar una de las primeras personas dedicadas a ese oficio en Estados Unidos. El hecho de que se desconozca a ciencia cierta su identidad no hace sino añadirle interés histórico al asunto, por las teorías que hay al respecto.

Lo curioso es que no se conserva apenas testimonio de su existencia, lo que ha hecho correr ríos de tinta sobre el tema; no tanto por su veracidad, que está comprobada, como por los detalles que lo envuelven todo: si se trató de una agente propiamente dicha o sólo una colaboradora ocasional, si pertenecía a una familia de ilustre linaje, si realmente tuvo el triste final que cuenta la leyenda… Esas dudas derivan de la escasez de fuentes, pues la única mención expresa que se hace a la Agente 355 es en una carta enviada a George Washington.

El futuro presidente de EEUU era por entonces general en jefe del Ejército Continental (llamado así por el Primer Congreso Continental, que celebraron los revolucionarios en 1774) y desde el primer momento había entendido la necesidad de crear un servicio de inteligencia para contrarrestar la teórica superioridad militar británica, de ahí que reclutara a docenas de agentes para misiones de espionaje y contrainteligencia. Él mismo les entregaba las instrucciones en cartas de su puño y letra, indicándoles que prefería recibir la información de la misma manera para ahorrar tiempo y asegurarse de que no eran descubiertos.

Washington buscó y obtuvo fondos del Congreso Continental para ese servicio secreto, optando por recibirlos en metálico, a ser posible en oro («Siempre me ha resultado difícil conseguir inteligencia por medio del papel moneda» dijo). Al contabilizar las sumas en sus diarios, no identificaba a los destinatarios porque, según sus propias palabras, «no se pueden incluir los nombres de las personas que están empleadas dentro de las líneas del enemigo o que puedan caer en su poder». En ese sentido, animaba a sus oficiales a no reparar en gastos y a destinar a labores de espionaje a aquellos «en cuya firmeza y fidelidad podamos confiar con seguridad».

Benjamin Tallmadge y su hijo William en 1790, por Ralph Earl/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Algunos de los colaboradores de Washington en ese campo son conocidos: Joseph Reed, su mano derecha y organizador; Alexander Hamilton, encargado de recibir los informes y de descubrir a un doble agente (posteriormente llegaría a ser el primer Secretario del Tesoro de EEUU); Elías Boudinot (no confundir con el famoso periodista cherokee), comisario general de prisioneros y encargado de sonsacarles información; Charles Scott y David Henley, que se sucedieron en la jefatura de inteligencia, hasta su relevo por Benjamin Tallmadge, el organizador de una red de espionaje en Nueva York; Thomas Knowlton, que dirigía una unidad operativa sobre el terreno (los Knowlton’s Rangers); y varios más.

Ellos mandaban sobre los agentes de campo, entre los que se pueden nombrar al pionero (y malhadado) Nathan Hale, Haym Salomon, Abraham Patten, James Rivington, Hercules Mulligan, Lewis J. Costigin, Dominique L’Eclise… De ser cierto -hay dudas de los historiadores-, incluso los miembros de una familia entera, el matrimonio formado por William y Lydia Darragh más su hijo John, que se dedicaron a espiar a los británicos, de los que obtenían información invitándolos a fiestas en su casa y enviándosela después a otro hijo, Charles, que era teniente en el Ejército Continental, escrita taquigráficamente y escondida dentro de botones huecos o cosida al forro de la ropa.

Página del libro de códigos del Culper Ring, la red de espías organizada por Benjamin Tallmadge/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Ahora bien, de la Agente 355 sólo hay una referencia, decíamos: la de una carta que Washington recibió de Abraham Woodhull. Éste era el hijo de un rico hacendado que renunció a su puesto de teniente en la milicia del condado neoyorquino de Suffolk cuando los británicos capturaron a su primo, el general Nathaniel Woodhull, que estaba gravemente herido y le dejaron morir sin auxilio médico ni alimentos. Resultó que Benjamin Tallmadge, al que mencionamos antes, era vecino suyo y le reclutó para la causa, incorporándolo a la red de espías que estaba organizando.

Woodhull se instaló en una pensión que regentaba su hermana en Manhattan, donde solían alojarse mandos y oficiales británicos. Comenzó a suministrar información en 1778, enviando correspondencia -que firmaba con el mote de Samuel Culper– mediante los botes balleneros de otro miembro de la red, Samuel Brewster, descendiente directo de uno de los peregrinos del Mayflower. Como señal para que ambos contactaran, una vecina, Anna Strong, colgaba una enagua negra en el tendal, indicando el sitio exacto de la entrega con un código de pañuelos, también colgados. De ese modo, Washington obtuvo valiosos informes sobre, por ejemplo, las barcazas que la Royal Navy construía para transportar tropas o practicar el corso.

En concreto, la carta alusiva a la Agente 355 iba firmada como Samuel Culper Sr (el pseudónimo habitual de Woodhull) y en ella la describía como «alguien que siempre ha prestado servicio a esta correspondencia». Eso es todo; bastante para hacerle saber a Washington que había reclutado en Nueva York a una espía a su servicio, pero insuficiente para conocer su identidad. Eso sí, no faltan especulaciones sobre ésta y la primera es suponer que se trataba de la mencionada Anna Strong.

Anna Smith -su nombre de soltera-, era vecina y, obviamente, colaboradora de Woodhull, pues ya vimos que se encargaba de contactar con Brewster cuando había información que transmitir. Había nacido en 1740, hija de un coronel y nieta de un juez, contrayendo matrimonio con Selah Strong -de quien tomó el apellido-, quien fue delegado en los tres primeros congresos provinciales neoyorquinos (gobiernos provisionales constituidos entre 1775 y 1777 en sustitución del Committee of Sixty, que los rebeldes formaron para llevar a la práctica el boicot a los intereses comerciales británicos), además de capitán de la milicia de Nueva York.

En enero de 1778, Selah Strong acabó detenido y encerrado en el HMS Jersey, navío de linea de cuarta categoría (sesenta cañones) que ya por esas fechas había quedado obsoleto y por eso la Royal Navy lo destinó primero a buque hospital y luego a pontón (prisión flotante), anclado en Wallabout Bay, cerca de Long Island. Allí eran recluídos los rebeldes capturados, viviendo en condiciones muy duras, apiñados por miles en un espacio pensado para cuatro centenares, sin apenas circulación de aire, escasa atención sanitaria y muy poca comida. Por esta última razón, no era raro que sus familiares los visitaran de vez en cuando para llevarles víveres.

Anna no sólo fue una de las que lo hicieron sino que se las arregló para que sus parientes, acomodados y conservadores -por tanto, con cierta influencia-, presionaran a las autoridades hasta conseguir que pusieran a su marido en libertad condicional. Una vez libre, se consideró aconsejable que Selah y sus hijos se quitaran de enmedio, instalándose en Connecticut, mientras Anna permanecía en el hogar familiar de Long Island, ya que la ley británica preveía la confiscación de sus tierras si quedaban abandonadas.

El mayor John Andre en un retrato anónimo posterior a su muerte, datado hacia 1790/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Es probable que Anna fuera la mujer a la que Woodhull se refería en otra misiva, en este caso remitida a Benjamin Tallmadge, en la que le anunciaba que iba a viajar a Nueva York y que «con la ayuda de una [dama] que conozco, podré burlarlos a todos [los británicos]«. Era en la época en que ella acudía a Wallabout Bay para llevarle comida al encerrado Selah, una tapadera perfecta que se engrosaba con la tranquilidad que proporcionaba el que su familia fuera considerada de confianza por el enemigo, todo lo cual podría ser un indicativo de su identificación con la Agente 355.

De ser cierto, el dinero entregado a Selah Strong en concepto de gastos, tal como figuraba en una partida de George Washington, correspondería más bien a las actividades desarrolladas por la esposa del beneficiario, habida cuenta de que éste se pasó la mayor parte del tiempo encarcelado en el HMS Jersey. Sin embargo, no todos los historiadores están convencidos de que Anna fuera la Agente 355 y recuerdan que hubo al menos otra dama (eso es lo que significaba el número 355 en el código cifrado que empleaba Woodhull), probablemente de clase alta, infiltrada entre los mandos británicos.

Tampoco de ella hay datos, pero sí se sabe que formaba parte del círculo de amistades del mayor John André, nombrado jefe del servicio secreto británico en las colonias americanas desde 1779, tras haber pasado la odisea de caer prisionero de los rebeldes y ser liberado en un canje. Al parecer, a André le gustaba llevar una dinámica vida social, rodeándose de de mujeres jóvenes a las que atraía con su apostura, simpatía y cultura (dibujaba, cantaba y era un prolifico escritor, tanto en prosa como en verso, además de hablar varios idiomas). Peggy Shippen fue una de las cayeron bajo sus encantos, cuando él le hizo un retrato orientalista ataviada con turbante.

Peggy Shippen con su hija Sophia, por Daniel Gardner/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Era la esposa -muy joven, sólo dieciséis años- de Benedict Arnold, un general estadounidense que, después de algunos problemas personales y desilusionado con la caída de Filadelfia, estaba valorando pasarse al bando enemigo a cambio de una generosa cantidad de dinero. Precisamente fue Peggy quien puso en contacto a su marido con André para que negociaran que el primero entregara el fuerte de West Point, que estaba bajo su mando; algo que hubiera permitido a los británicos aislar Nueva Inglaterra. Acordaron una entrevista personal, pero la balandra del británico fue descubierta y él se vio obligado a huir por tierra, disfrazado.

No tuvo éxito; interceptado por dos soldados, un consejo de guerra le condenó a muerte en 1780. André no delató a Benedict Arnold, pero los papeles que llevaba sí. No obstante, el que suele ser considerado primer traidor de la historia de EEUU pudo escapar gracias a que su mujer, que al fin y al cabo fue quien lo originó todo, le dio tiempo fingiendo un ataque de histeria y un desmayo ante Washington cuando éste y sus hombres se personaron en su casa para detenerlo.

Antes, Arnold había interrogado al entorno de André porque sospechaba que todo había sido una trampa urdida deliberadamente y se fijó en una mujer que podría ser la Agente 355; la suspicacia se debía a que estaba embarazada y se negaba a dar el nombre de su amante. La denunció a los británicos, que la encerraron en el HMS Jersey, donde falleció pero no sin que antes diera a luz a un hijo al que bautizó como Robert Townsend Jr. En realidad, no sólo no se conserva ningún registro de nacimiento en aquel pontón sino que ni siquiera consta que hubiera mujeres cautivas a bordo. Pero la leyenda le adjudica una paternidad obvia a aquel niño: la del hombre que llevaba su mismo nombre.

El general Benedict Arnold, retratado por Thomas Hart/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Y no era otro que Robert Townsend, un agente más que Woodhull tenía en Nueva York. Nacido en 1753, hijo de un cuáquero y una episcopaliana que tenían una boyante tienda, decidió unirse a los patriotas tanto por la influencia de la lectura del Common sense de Thomas Payne como por la presión tributaria de la metrópoli y el pillaje sufrido por la población de Oyster Bay a manos de los soldados, algo de lo que no se libró su familia (los Queen’s Rangers ocuparon su casa como alojamiento para los oficiales). La fe que profesaba, sin embargo, le impedía empuñar las armas, por lo que su amigo Woodhull le ofreció incorporarse al llamado Culper Ring.

El Culper Ring (Anillo o Círculo de Culper), era como se denominaba la red de espionaje creada por Tallmadge y Woodhull en Nueva York. Culper era una referencia al condado de Culpeper y, por lo visto, fue el propio Washington quien lo propuso recordando el lugar donde había trabajado como topógrafo en su juventud, asumiendo Woodhall el nombre clave de Samuel Culper Sr. y Townsend el de Samuel Culper Jr., mientras Tallmadge usaba el de John Bolton. Townsend se convirtió en el principal agente sobre el terreno, ya que su amigo empezaba a ser demasiado conocido por el enemigo y se quedó como supervisor intermediario entre él y Brewster.

También sus respectivas hermanas formaban parte del círculo y jugaron un destacado papel en la presunta celada tendida a John André. Ya vimos que la de Woodhull, Mary Underhill, tenía la tapadera de la pensión; la de Townsend, Sarah (alias Sally), nacida en 1760, habría sido la que informó del plan de André de sobornar a Benedict para obtener West Point, algo que le habría oído comentar con el general John Graves Simcoe, de los Queen’s Rangers, cuando se instalaron en su casa. Simcoe cortejaba a Sarah, que entonces rondaba los dieciocho años y es posible que aceptase tener con él una breve relación que le permitió enterarse de todo. No obstante, el romance no prosperó y él se casó al regresar a Gran Bretaña mientras que ella permaneció soltera el resto de su vida.

Es probable, eso sí, que todo -o parte- sea una simple leyenda, ya que los detalles no encajan: los soldados dejaron el hogar de los Townsend en la primavera de 1779, por lo que el general no podía haberle dedicado a Sarah más que un par de meses, y además ese relato medio romántico medio de espías no empezó a contarse hasta un siglo más tarde. Pero lo demás sí es cierto y Robert Townsend, que proporcionó mucha y valiosa información, logró mantener su identidad en secreto incluso después de su muerte, en 1834; no se descubrió hasta 1930 y la controvertida casa familiar es ahora sede del Raynham Hall Museum.

¿Era Sarah la Agente 355 o lo fue Anna Strong? Imposible saberlo porque todavía hay una tercera candidata, Elizabeth Burgin. De ella se sabe incluso menos que de las otras, aunque algunos datos son comunes: viuda y madre de tres hijos, solía llevar víveres a los presos de los pontones y por eso en 1779 se le acercó George Higday, otro agente del Culper Ring, proponiéndole unirse a la causa y ayudarle en un proyecto de evasión de los recluidos. Poco después, ese verano, los británicos interceptaron una carta de Washington a Tallmadge en la que mencionaba a Higday, que inmediatamente fue arrestado.

Su desesperada esposa decidió ayudarle denunciando a Elizabeth y las autoridades ofrecieron una recompensa por su captura. Tras permanecer escondida dos semanas, se trasladó a Long Island, donde estuvo un mes antes de pasar a Connecticut y de allí a Filadelfia. Al llegar el otoño se firmó una tregua que le permitió recuperar a sus hijos, aunque estaba en la ruina y por eso Washington le asignó una pensión que recibió, según los archivos, al menos hasta 1787.

El misterio de la Agente 355 sigue vigente.

Fuentes

Alexander RoseWashington’s spies. The story of America’s first spy ring | Victoria WilliamsCulper Spy Ring | Lisa Tendrich Frank, ed., An encyclopedia of American women at war. From the home front to the battlefields | Thomas KuehhasDid Sally Townsend save West Point? Brian Kilmeade y Don YaegerGeorge Washington’s secret six. The spy ring that saved the American Revolution | Willard Stars RandallBenedict Arnold. Patriot and traitor 

Publicado por:  LA BRÚJULA VERDE - 2021 -

Los niños del Estado Islámico: una infancia robada

  Familias cuando trataban de escapar de Baghouz, la última localidad siria bajo control del Estado Islámico en caer. Los dirigentes del EI ...