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viernes, 5 de noviembre de 2021

El lugar de las mujeres en la India

Discurso de Asha Kotwal para los derechos de las mujeres marginalizadas, 21 de noviembre 2013. Foto : UNICEF India

La situación de las mujeres en la India es más bien crítica. Tanto el peso de la religión y de las tradiciones como un desequilibrio considerable del índice de masculinidad vulneran los derechos fundamentales de las mujeres. Este país, el cuarto lugar más peligroso para las mujeres en el mundo, tiene evidencias de prácticas como la dote, los infanticidios, las violaciones y la prostitución. Las mujeres indias sufren de discriminaciones y sus libertades son vulneradas cotidianamente. Sin embargo, en este contexto extremadamente difícil, han podido surgir movimientos feministas que trabajan día a día para defender a las mujeres y para transformar una sociedad arraigada en tradiciones patriarcales.

En la historia, las mujeres indias no siempre han sufrido tanto esta dominación masculina. Numerosos-as autores-as informan que las mujeres tenían un estatuto importante durante el periodo védico. Sin embargo, la India de hoy está dominada por las tradiciones provenientes del hinduismo que, a pesar de que algunos textos valorizan la feminidad y la maternidad, preconiza una subordinación casi total de las mujeres a los hombres. La actriz Shabana Azmi (periodista y antigua actriz popular) declaraba en 1988 que la "glorificación de la mujer india puede constituir una trampa eminentemente peligrosa que se cierra sobre ella (…) al idolatrarla, la despoja de cualquier posibilidad de defenderse, luchar o hacer respetar sus derechos". Las jóvenes son educadas con la idea que tienen que servir y satisfacer "al hombre". Por ejemplo, en las leyes de Manu, texto jurídico fundador de la tradición hindú del dharma, se puede leer "durante la infancia, una mujer debe sumisión a su padre, durante la juventud a su marido y cuando ha muerto su marido a sus hijos; la mujer nunca debe ser independiente (…) la mujer no está hecha para ser libre". Se trata aquí de uno de los principales pilares de las tradiciones hindúes actualmente persistentes en la sociedad india, que pueden explicar en parte el lugar que ocupa hoy la mujer.

Matrimonio infantil

El matrimonio es una institución sagrada. En una sociedad marcada por la sumisión de las mujeres a los hombres, constituye el principal objetivo de las familias para sus hijas, que siguen siendo los objetos de matrimonios forzados, a menudo siendo muy jóvenes. Hasta 1892, la edad legal para las jóvenes para casarse era de 10 años, pasa a 12 años con la entrada en vigor del Age of Consent Bill, y finalmente a 18 años en 1929. Sin embargo, el matrimonio infantil sigue siendo habitual. En 2015, India ocupa el segundo lugar en el mundo en el ranking de países que celebran matrimonios infantiles, y según los registros oficiales, 51,8 % de las jóvenes en el estado del Jharkhand son casadas antes de los 18 años. Desde 1950, la edad media en las bodas ha pasado de 15 a 19 años para las mujeres y de 21 a 25 para los hombres. Se practican masivamente estos matrimonios concertados en el país, y los matrimonios por amor son relativamente raros.

Práctica de la dote y violencia

La prisa que tienen las familias por casar a sus hijas no debe ocultar la miseria económica que esta institución proyecta en ellas. La práctica de la dote, a pesar de estar prohibida por una ley de 1961, el Dowry Prohibition Act, sigue siendo extremadamente habitual. Representa para las familias una carga financiera considerable, elevándose a veces a más de la mitad de su capital. Este fenómeno se encuentra en la base de muchos actos de violencia hacia las mujeres, a menudo perpetrados por la propia familia o por la familia del marido. Entre 1975 y 1978 por ejemplo, 5200 mujeres han sido quemadas "accidentalmente" por sus maridos o por la familia de estos, porque la dote no era suficientemente importante o porque la dote no se había pagado. Una mujer muere cada hora en India por culpa de la dote. Según la Oficina Nacional de Registros Criminales, 8233 mujeres han muerto en 2012 después de discusiones relacionadas con la dote. Además, la tasa de condenas por estos crímenes sólo era de 32 % en 2013. Aquí, se trata de una verdadera banalización de la violencia hacia las mujeres, implícitamente autorizada por los vacíos legales.

Infanticidios

Las esposas y futuras esposas no son las únicas víctimas de esta violencia. La dote representa una obligación financiera demasiado importante, las familias prefieren a veces desaparecer a las niñas pequeñas. Muchas son asesinadas al nacer y otras abandonadas o maltratadas hasta la muerte. Este fenómeno explica en gran medida el desequilibrio del índice de masculinidad en India.

El derecho al aborto, legalizado en 1971, ha permitido mejorar considerablemente esta situación. Por otra parte, una ley de 1994 y revisada en 2001 prohíbe el aborto motivado por el sexo del feto. Sin embargo, muchos abortos de fetos de sexo femenino se practican de manera ilegal, a veces en condiciones sanitarias deplorables. La voluntad de las familias de no dar luz a una niña permite la existencia de un verdadero "mercado del aborto", del que se aprovechan médicos sin escrúpulos. Así, parece que la voluntad del legislador es insuficiente para corregir este fenómeno mortífero. Sólo un profundo cambio de mentalidad será capaz de luchar en contra de estas prácticas tradicionales sexistas.

Violaciones

Un ejemplo actual particularmente llamativo de los ataques recurrentes a los derechos de las mujeres y de la violencia que sufren cotidianamente, reside en el importante número de violaciones en la India. La cifra oficial no es más elevada que en Francia, sin embargo la mayoría de las víctimas no hacen la denuncia por miedo a las represalias, y sus agresores no son siempre condenados. Aquí, no es el número de crímenes lo que importa, sino el hecho de que sean una expresión de la representación colectiva de la mujer.

Hay instancias judiciales informales (justicia del pueblo, consejo de los ancianos, etc.) sin verdadera existencia judicial, que ejercen su poder moral condenando, a veces, a niñas o jóvenes mujeres, a una violación colectiva. Estas condenas ilegales son a menudo expuestas en la plaza pública y se acompañan de tortura, y pueden llevar hasta la muerte a sus víctimas.

La mediatización de una violación colectiva en New Delhi, el 16 de diciembre de 2012, permitió destapar un verdadero problema de la sociedad que era un gran tabú. Este crimen provocó manifestaciones excepcionales en el país y en el mundo entero. El gobierno reforzó su política de protección de las mujeres, poniendo en marcha medidas importantes de sensibilización y de prevención, mediante la difusión de videoclips en los cines o mediante spots radiofónicos.

Protección jurídica de las mujeres y progresos feministas

Estado del derecho positivo
Según el derecho constitucional, los-as ciudadanos-as indios-as son iguales en derechos, y la discriminación basada en el sexo del individuo está formalmente prohibida. La Constitución india garantiza la igualdad entre mujeres y hombres en su artículo 14. Prohíbe las discriminaciones de Estado, respecto a ello en su artículo 15-1, garantiza también la igualdad de oportunidades (artículo 16) y la dignidad de la mujer. En el plano económico, esta constitución prevé que el Estado adopte disposiciones particulares hacia las mujeres y hacia los niños para garantizar condiciones de trabajo justas y adaptadas así como la igualdad salarial.

La igualdad proclamada por la Constitución no se respeta en la práctica y la fragmentación del derecho no permite garantizar la igualdad entre los sexos, inscrita en este instrumento jurídico supremo. Algunas leyes han sido instauradas en este sentido, bajo el régimen de Nehru en 1955 y 1956, justo después de la independencia del país. Tenían como objetivo hacer progresar el estatuto de la mujer en la esfera privada y familiar, principalmente respecto al matrimonio y al divorcio, la adopción y el mantenimiento de la familia, los menores y la tutela, o también a las cuestiones de sucesión y de herencia. Sin embargo, aunque estas leyes no prescribían una igualdad total entre mujeres y hombres, sí constituían un primer avance que incitaba a los movimientos feministas a proseguir con sus luchas.

Lo que realmente está en juego en la promulgación de leyes que apuntan hacia la igualdad entre mujeres y hombres es afectar la diversidad de los regímenes políticos de las minorías, que tienen sus códigos y sus costumbres propias. Estos derechos provienen de los códigos de estatuto personal de las comunidades religiosas minoritarias (musulmanes, cristianos, sikhs y parsis), que están lejos de respetar la igualdad prescrita en la Constitución.

Reforma jurídica y conflictos comunitarios

En este aspecto, los movimientos feministas llevan a cabo sus luchas en dos planos diferentes. Algunos movimientos reclaman una reforma del derecho civil con la adopción de un código civil único, en un solo y único texto, para conseguir la unificación de las prácticas regidas en los diferentes códigos de estatuto personal. Otros movimientos, pensando que tal reforma nunca se hará, prefieren luchar por un reconocimiento de la igualdad en las diferentes comunidades religiosas. Esta segunda opción es la que privilegian en su mayoría los grupos feministas que no quieren que los conflictos comunitarios puedan interferir en su lucha, como por ejemplo la asociación de izquierda All India Democratic Women’s Association (AIDWA).

Además, las cuestiones de religión están intrínsecamente ligadas a las luchas feministas. Los conflictos que opusieron la comunidad hindú y la comunidad musulmana, en los años 1990, fueron un elemento de emancipación de las mujeres al servicio de una causa religiosa y política. El movimiento de la comunidad hindú reclamó la destrucción de la mezquita de Ayodhya en 1990 y llevó a una importante movilización de las mujeres. Aunque este aspecto parezca ampliamente contraproductivo, desde el punto de vista de los derechos humanos, a lo largo de la historia las luchas políticas y religiosas han permitido a las mujeres liberarse de las tareas domésticas.

Evoluciones sociales y militancia

Más allá de los conflictos comunitarios, hay muchos movimientos de lucha por la igualdad entre los sexos en India que están activos hoy, y continúan con sus actividades militantes que nacieron en el siglo XIX y que se intensificaron en los años 70. Uno de los primeros avances feministas fue la lucha contra la tradición del sati (inmolación de las viudas hindúes), que finalmente se prohibió en 1829. En el siglo XX, la lucha para la independencia hizo surgir nuevas vocaciones militantes en las mujeres que se unieron a Mahatma Gandhi, y consiguieron su reconocimiento. Después de la independencia, los movimientos de lucha para la mejora de las condiciones de vida y de trato de las mujeres se intensificaron. Recientemente, la mundialización y la difusión de la cultura occidental han llevado las mujeres a movilizarse todavía más para conseguir su independencia de los hombres y del sistema patriarcal tradicional. En los años 1990, el apoyo financiero de agencias extranjeras permitió la creación de muchas ONG dedicadas a la promoción de los derechos de la mujer. El gobierno indio, para apoyar esta causa, proclamó el año 2001 como el "Año de la Mujer", y puso en marcha una política nacional de promoción de las mujeres.

Los cambios inducidos por estas luchas feministas siguen siendo muy débiles en el plano económico y social, por el bloqueo jurídico y el peso de las tradiciones religiosas. Sin embargo, en el plano político, las mujeres acceden cada vez más a altos cargos antes reservados a los hombres.

Mujeres y política

Las mujeres indias no están ausentes del paisaje político del país. Al contrario de muchas potencias occidentales, en la India hay muchas mujeres ejerciendo profesiones dirigentes y que pueden acceder al poder como Pratibha Devisingh Patil, presidenta de India de 2007 al 2012 y primera mujer en acceder a este puesto. Y desde 2014, una mujer, Sushma Swaraj, ocupa el prestigioso puesto de ministra de Asuntos Exteriores en el gobierno de Narendra Modi.

Este fenómeno no es nuevo: una de las pioneras de esta ola de accesión de las mujeres indias a las responsabilidades políticas fue Rajkumari Amrit Kaur, militante independentista del entorno de Mahatma Gandhi, fue ministra de la salud de 1947 hasta 1956. Lakshmi Sahgal, también militante del movimiento independentista indio, fue oficial en el ejército nacional indio durante la Segunda Guerra Mundial y ministra del gobierno provisional de la India libre.

Históricamente, la figura más importante en el paisaje político indio fue Indira Priyadarshini Gandhi, hija de Nehru. Ella fue primera ministra de la República de la India de 1966 hasta 1977 y desde 1980 hasta su muerte en 1984. Su acceso al puesto de primer ministra supuso un avance considerable para la causa feminista en el país, pero también el mundo entero. Cabe destacar que fue la segunda mujer en el mundo elegida democráticamente al frente de un gobierno.

Asimismo, las mujeres han podido desempeñar un papel importante en el poder legislativo. Maira Kunar fue la primera mujer presidenta de la primera cámara del Parlamento indio (Lok Sabha), desde 2009 hasta 2014. Y otras mujeres han podido ocupar un escaño de esta cámara como Maneka Gandhi (que también fue ministra de cuatro gobiernos), o Phoolan Devi (quien ocupó un escaño a partir de 1996). Esta última, famosa por su pertenencia a la casta de los intocables, y víctima de violencia física y sexual desde una temprana edad, también se hizo conocida por su participación en una cuadrilla de bandoleros, lo que le valió el apodo de "Robin Hood india". Las mujeres también fueron representadas en la segunda cámara del Parlamento (Rajya Sabha), principalmente por Kanimozhi, figura preeminente de la vida política tamúl quien ocupó un escaño desde 2007 hasta 2013, con el partido DMK, Dravida Munnetra Kazhagam (“Federación Dravidiana del Progreso”).

La implicación de la mujer en política también se observa en una escala local, a través de las figuras de Jayalalithaa Jayaram (jefa de gobierno del Tamil Nadu desde 2015, función que ya había ejercido dos veces antes), Kiran Bedi (teniente-gobernadora de Puducherry desde mayo de 2016 ), Mamata Banerjee ( jefa de gobierno de Bengale occidental desde 2011 y fundadora del partido político TrinamulCongress) o también Mehbooba Mufti, jefa de gobierno de Jammu y Cachemira. Por otra parte, Mayawati Naina Kumari, jefa de gobierno de Uttar Pradesh desde 2007, es la primera mujer proveniente de la casta de los intocables en acceder al puesto de jefa de gobierno de un estado indio.

En la escena internacional, Vijaya Lakshmi Nehru Pandit, diplomática y hermana de Nerhu fue la primera mujer en acceder a la presidencia de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Participó también en la política de su país a nivel nacional, y ocupó puestos de gobernadora en Maharashtr, y tuvo un escaño en el Lok Sabha.

Sonia Gandhi, presidenta del Congreso Nacional Indio fue considerada como la segunda mujer más poderosa del planeta según la revista Forbes  2010.

Nos queda esperar que estas evoluciones en la esfera pública permitan a lo largo de los años llegar a más grandes progresos para las mujeres en la esfera privada, familiar y profesional 

  

Publicado por; RITIMIO - Informations, outils, initiatives pour un monde solidaire 07/08/21 - LENFANT HÉLOISE

sábado, 16 de octubre de 2021

La pobreza multidimensional también es problema étnico y de género.



 

En India, cinco de cada seis personas que viven en pobreza multidimensional -que mide ingresos, salud, educación y nivel de vida- pertenecen a las llamadas "tribus o castas bajas", de acuerdo con un índice del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Foto: Dhiraj Singh/PNUD

El origen étnico, la casta y el género tienen un impacto enorme en la probabilidad de que las personas vivan en pobreza multidimensional, la que es medida con indicadores de ingreso, salud, educación y nivel de vida, expuso un nuevo informe del PNUD divulgado este jueves 7.

En nueve grupos étnicos encuestados por el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) y la Iniciativa de Oxford para la Pobreza y el Desarrollo Humano, más de 90 por ciento de su población está atrapada en la pobreza.

La investigación para el informe se realizó en 109 países donde viven 5900 millones de personas, hizo un desglose por etnia, raza y casta en 41 naciones, y dio como resultado el Índice de Pobreza Multidimensional del PNUD.

En los países en desarrollo hay 1309 millones de personas en situación de pobreza multidimensional, y de ellos 1100 millones viven en zonas rurales y 209 millones en áreas urbanas. Dentro de un país, esa pobreza puede variar enormemente entre los distintos grupos étnicos.

Los pueblos indígenas de América Latina, por ejemplo, se encuentran entre los más pobres. En Bolivia, las comunidades indígenas constituyen 44 por ciento de la población, pero representan 75 por ciento de los pobres multidimensionales.

En India, cinco de cada seis personas en situación de pobreza pertenecen a “tribus o castas inferiores”, de acuerdo con la investigación.

Los dos grupos étnicos de Gambia tienen más o menos el mismo valor en el Índice, pero con diferentes privaciones, mostrando que se necesitan diferentes acciones políticas para encontrar soluciones efectivas en casos distintos.

En Vietnam, las minorías étnicas constituyen una sexta parte de la población total, pero casi la mitad viven en pobreza multidimensional.

El Índice “nos recuerda que, si queremos aprovechar esta crisis para construir mejor en el futuro y diseñar respuestas efectivas que no dejen a nadie atrás, es necesario obtener una imagen general de los efectos de la pobreza sobre las personas, saber quiénes son y dónde viven”, dijo Achim Steiner, administrador del PNUD.

En cuanto a la cuestión del género, el estudio muestra que cerca de dos tercios de las personas multidimensionalmente pobres, es decir, 836 millones, viven en hogares donde ninguna mujer o niña ha completado al menos seis años de escolarización.

“El Índice de Pobreza Multidimensional nos recuerda que, si queremos aprovechar esta crisis para construir mejor en el futuro y diseñar respuestas efectivas que no dejen a nadie atrás, es necesario obtener una imagen general de los efectos de la pobreza sobre las personas, saber quiénes son y dónde viven”: Achim Steiner.

Además, una sexta parte de todas las personas en esta situación, unos 215 millones, viven en hogares en los que al menos un niño o un hombre completó seis o más años de escolarización, pero ninguna niña o mujer lo ha hecho.

El informe también constata que estas mujeres y niñas corren un mayor riesgo de sufrir violencia doméstica.

En África subsahariana, 556 millones de personas (53 por ciento de la población) viven en pobreza multidimensional, y 532 millones en el sur de Asia (29 por ciento). Los países con más personas en esa condición son India, Nigeria, Pakistán, Etiopía y la República Democrática del Congo.

En América Latina y el Caribe la pobreza multidimensional alcanza a 37,4millones de personas, y en los Estados árabes a 45,6 millones,

Vivir en la pobreza multidimensional puede significar cosas muy distintas, pues por ejemplo 1000 millones de personas se ven expuestas a riesgos sanitarios debido al uso de combustibles sólidos para cocinar, otros 1000 millones viven con un saneamiento inadecuado, y otros 1000 millones habitan en viviendas precarias.

Unos 788 millones viven en hogares con al menos una persona desnutrida, y 568 millones carecen de fuentes de agua potable en un radio de 30 minutos a pie.

Casi la mitad de las personas que viven en la pobreza multidimensional (644 millones) son niños: uno de cada tres es multidimensionalmente pobre, en comparación con uno de cada seis adultos.

El PNUD expuso que la pandemia covid-19 evidenció que, más allá de los ingresos, las personas experimentan la pobreza de formas superpuestas, al quedarse atrás en salud, educación y nivel de vida, de acuerdo con indicadores como la falta de agua potable, adecuadas nutrición y vivienda, o la educación primaria.

Para esa entidad de las Naciones Unidas “la pandemia covid-19 ha revelado que nos estamos quedando cortos en nuestro compromiso de no dejar a nadie atrás”, y ofreció el Índice como “ayuda a los legisladores para abordar las brechas a través de evidencias que colocan a las personas en el centro de la planificación”.

Publicado por:  Inter Press Service -  Corresponsal Naciones Unidas – 07/10/21


domingo, 3 de octubre de 2021

Vocero de los talibanes confirma que la música está prohibida en Afganistán

Foto:EFE/AKHTER GULFAM

También advirtió a las mujeres de Afganistán que lo más seguro es que se queden en sus casas hasta que más combatientes de base reciban formación sobre cómo no maltratarlas.

Uno de los voceros de los talibanes, Zabihullah Mujahid, dijo a través de una entrevista con el medio estadounidense, The New York Times que no se permitirá la música en público. “La música está prohibida en el islam. Esperamos poder persuadir a la gente para que no haga esas cosas, en lugar de presionarlos”, advirtió.

A la vez, el vocero rechazó los temores y acusaciones ante la posibilidad de que el grupo se vengue de quienes se les oponen y que quieran volver a implantar los duros controles sobre las mujeres como cuando gobernaban Afganistán hace 20 años.

Esta es la primera vez que un líder talibán habla en exclusiva con un medio de comunicación occidental desde la toma de poder. También advirtió a las mujeres de Afganistán que lo más seguro es que se queden en sus casas hasta que más combatientes de base reciban formación sobre cómo no maltratarlas.

En entrevista con The New York Times, Mujahid sugirió que, a más largo plazo, las mujeres serán libres de retomar sus rutinas diarias, al tiempo que aseguró la preocupación de que los talibanes vuelvan a obligarlas a permanecer en sus casas o a cubrirse la cara es infundada

Asimismo, indicó que resulta confuso el requisito de que circulen acompañadas por un tutor masculino, conocido como mahram, y que en realidad esa condición sólo se aplica a los viajes de tres días o más.

“Si van a la escuela, a la oficina, a la universidad o al hospital, no necesitan un mahram”, afirmó Mujahid, el principal portavoz de los talibanes.

Por otra parte, rechazó las acusaciones de que los talibanes hayan estado persiguiendo a intérpretes y otras personas que trabajaron para el ejército estadounidense, y afirmó que estarán a salvo en el país.

Mujahid expresó su esperanza de que su grupo tenga buenas relaciones con la comunidad internacional en áreas como la lucha antiterrorista, la erradicación del opio y la reducción de los refugiados hacia Occidente.

Publicado por NB Internacionales - Brenda Arguedas - 26/08/21

 

viernes, 10 de septiembre de 2021

LAS NUMEROSAS PROHIBICIONES QUE LOS TALIBANES IMPONEN A LAS MUJERES


 Borradas de la esfera pública

Para los talibanes, las mujeres no juegan ningún rol en la esfera pública. Si bien hoy se presentan como moderados ante los ojos del mundo, la represión contra estudiantes y trabajadoras ha comenzado en algunas provincias. Una de las prohibiciones impuestas es que no puede haber imágenes de mujeres ni en revistas ni en tiendas.


Las mujeres no se educan

En mayo de 2012, los talibanes tirotearon a Malala Yousafzai en Pakistán por pelear por el derecho de las niñas a recibir educación. A estos integristas les parece innecesario que las mujeres se eduquen, y a partir de los 10 años tienen prohibido ir a la escuela. No hablemos ya de la universidad. Durante el primer gobierno talibán (1996-2001), muchas escuelas se convirtieron en seminarios.


¿Modelos? Ni soñarlo

Los pantalones acampanados o los zapatos con taco alto están vedados, porque un varón no debe oír los pasos de una mujer. Las mujeres tampoco pueden usar vestimentas coloridas, porque para los talibanes los tonos vistosos son "sexualmente atractivos". Es decir, una escena como la de la foto, de un desfile de modas en Kabul en agosto de 2017, sería imposible hoy por hoy en Afganistán.


Nada de uñas pintadas ni maquillaje

Según RAWA, durante el primer gobierno talibán hubo reportes de mujeres a las que les fueron amputados los dedos por haberse pintado las uñas. Ellas tampoco pueden maquillarse o usar cosméticos, y si no se atienen a las estrictas normas de vestir de los talibanes, corren el riesgo de ser azotadas en público, como ocurrió ya en el pasado y como muchas temen que vuelva a ocurrir.


Nada de TV y nada de tobillos

Todas las prohibiciones descritas fueron impuestas por los talibanes entre 1996 y 2001, y nada hace pensar que eso no volverá a suceder. Según el criterio de los radicales, las mujeres no tienen derecho a tener presencia en radio, TV ni en reuniones públicas. De hecho, no pueden siquiera escuchar música. En la foto, la presentadora Karishma Naz, que comete otro pecado: muestra los tobillos.


Adiós a las bicicletas

En el primer régimen talibán, las mujeres tenían prohibido montar en bicicleta o en motocicleta. Si querían viajar en bus, debía ser en buses solo para ellas, pues no tenían permitido mezclarse con varones en el transporte público. Y si por alguna razón necesitaban un taxi, debían tomarlo en compañía de su mahram, una suerte de cuidador que debe ser un familiar cercano (padre, hermano o esposo).


A los talibanes no les gustan las deportistas

Por cierto, las mujeres tampoco tienen derecho a participar en actividades deportivas o pertenecer a un club. Incluso hubo épocas durante el régimen talibán en que las castigaban por asomarse a la ventana o salir al balcón. Actividades como el montañismo practicado por Fatima Sultani (en la foto) probablemente dejarán de ser posibles ahora en Afganistán.


¿Podrán seguir trabajando fuera de casa?

Salvo algunas doctoras para atender a mujeres (pues ellas no pueden ser tratadas por médicos varones), los talibanes prefieren no ver a nadie del sexo femenino en puestos de trabajo. Y si bien el 17 de agosto de 2021 llamaron a las funcionarias a presentarse en sus puestos de trabajo, está por verse cuántos derechos les van a reconocer en ese campo. En la foto, la periodista Anisa Shaheed.


Reducidas a la invisibilidad

La lista de prohibiciones es larga y los castigos son palizas públicas. Las mujeres deben usar un velo que las cubra completamente, no pueden salir solas ni estrechar la mano a un varón. Las lapidaciones por adulterio eran pan de cada día. Las mujeres incluso tenían vedado reír fuerte o ser fotografiadas. Además, muchas veces eran forzadas a casarse, incluso siendo niñas.

                                      

Mujeres de armas tomar

A la luz de la vida miserable a la que se vieron sometidas por los talibanes, muchas mujeres tomaron las armas para enfrentarlos. En la provincia de Ghor se montó una milicia femenina para frenar a los integristas, mientras que en Charkint, la gobernadora (una de las tres de Afganistán) Salima Mazari formó milicias que contuvieron a los talibanes hasta después de la caída de Kabul.



Autor: Diego Zúñiga

·         Fecha 27.08.2021

·         Autor Sandra Petersmann

·         Temas KabulHamid KarsaiOTANTalibanesElecciones en EE.UU. 2020Afganistán

·         Palabras clave AfganistántalibanesAshraf GhaniJoe BidenOTANKabulFatima Galiani

·         Publicado por: DW – Agosto 2021

El futuro de las mujeres y niñas afganas bajo el régimen talibán

MUJERES AFGANAS EN EL MERCADO. IMAGEN: PIXABAY

Bajo el viejo régimen talibán en Afganistán, la vida de las mujeres fue marcada por severas prohibiciones; hoy, se reaviva el miedo de una era sin derechos

Los afganos viven una nueva crisis mientras miles de personas huyen del nuevo régimen.  Y la historia de los talibanes en el país lo deja claro: las más afectadas serán las mujeres y niñas de Afganistán.


¿QUIÉNES SON LOS TALIBANES Y POR QUÉ LUCHAN?

El origen de la milicia talibán es incierto, pero se cree que se formó entre las décadas de los 70 y 80, cuando Afganistán luchaba contra la Unión Soviética. El objetivo ruso era apoyar una revolución comunista, que tomara el poder y gobernara el país.

No obstante, el conflicto fue más largo de lo que los soviéticos esperaban, y a finales de los 80 retiraron sus tropas. Posteriormente, el gobierno socialista de Afganistán colapsó y las diversas tribus locales empezaron a disputarse el poder.

Entre ellas, estaban los talibanes, conformados por fundamentalistas religiosos que buscan imponer un gobierno islámico ultraconservador. Al llegar los 90, los talibanes controlaban la mayor parte de la nación. En 1996 instauraron su gobierno, el cual fue una pesadilla para las mujeres y niñas de Afganistán.


LAS MUJERES Y NIÑAS DE AFGANISTÁN A LAS QUE LES PROHIBIERON TODO

El primer régimen talibán gobernó el territorio afgano hasta 2001, cuando la coalición internacional, liderada por EE.UU, intervino y los derrocó. Sin embargo, el daño a las mujeres y niñas de Afganistán estaba hecho.

Durante la era de los talibanes, las mujeres solo podían salir de sus hogares acompañadas por un varón de la familia. En cualquier caso, cada vez que estuviesen en la calle tenían que estar cubiertas con un largo velo, conocido como burka, que esconde el cuerpo de las mujeres de la cabeza hasta los pies.

Ellas tampoco podían maquillarse, usar zapatos de tacón, hacer negocios, saludar o estrechar la mano de un desconocido, subir a autobuses, tomar taxis ni conducir autos.


AFGANAS, LAS MUJERES QUE TEMEN DESAPARECER

El control de los talibanes sobre la vida de las mujeres y niñas de Afganistán continúo empeorando, hasta convertir el día a día de las afganas en una prisión.

En su apogeo, la milicia talibana prohibió que las mujeres se asomasen en los balcones de sus casas, las ventanas de los apartamentos debían ser oscuras para que nadie pudiera verlas desde el exterior, y las niñas no podían ir a la escuela a partir de los ocho años de edad.

EL ACCESO A LA EDUCACIÓN DE LAS NIÑAS AFGANAS ES MUY LIMITADO. IMAGEN: PIXABAY

Entre las prohibiciones más terribles, estaba la ley que impedía que las mujeres se rieran en voz alta, que participaran en festividades o que ingresaran a estadios deportivos. Ninguna mujer tenía permitido usar baños públicos, tampoco podían subir a una motocicleta ni usar bicis.

Por supuesto, las relaciones sexuales o sentimentales fuera del matrimonio están estrictamente prohibidas, y si una joven era descubierta con un novio, podía enfrentar la lapidación pública. Las mujeres y niñas de Afganistán ni siquiera existían en los medios, puesto que no podían ser fotografiadas, ni aparecer en videos, programas de TV o en la radio.

Actualmente, y siguiendo distintas tradiciones sociales, el nombre de las afganas no es mencionado en ninguna celebración a las que se les invita, ni siquiera en su boda o cumpleaños.

La atención médica para las mujeres sigue siendo deficiente, casi todos los matrimonios son arreglados, los partos son en casa y las complicaciones luego de dar a luz son comunes.

Al morir, el nombre de una mujer de Afganistán no aparece en la lapida de su tumba.


¿CUÁL ES EL FUTURO QUE LES ESPERA?

En pocas semanas, la milicia talibán avanzó hasta apoderarse de todas las ciudades importantes del nordeste, incluyendo Kabul, la capital. Aquí, las mujeres y niñas de Afganistán habían conseguido luchar por sus derechos.

En varios vecindarios de Kabul, las niñas iban a la escuela, las mujeres podían trabajar, incluso llegaron a tener cargos políticos y unas pocas se convirtieron en ministras. Eso era ayer, hoy es diferente.

No se sabe qué pasará con las ciudadanas afganas, la única certeza es que sus derechos están en peligro, como lo han demostrado las acciones de los talibanes en otras regiones conquistadas.

Curiosamente, Suhail Shahin, representante de la milicia, asegura que esta vez será diferente y que no hay de qué preocuparse.

No obstante, muchos civiles se han apresurado a abandonar el país, dirigiéndose a destinos inciertos y precarios, donde el mayor peso lo llevarán las mujeres y niñas de Afganistán.

Publicado por Play Ground – Mariana Yáñez – 16/08/21

 

Afganas

Mujeres protestan en un Kabul sin talibanes en 2009. | AFP<9

Hace 12 años, el 16 de abril de 2009, 300 mujeres afganas marcharon al Parlamento en Kabul en protesta por la aprobación de una ley que restablecía restricciones a las mujeres chií similares a las que imponen los talibanes. Permitía la violación conyugal, limitaba los movimientos de las mujeres y convertía en delito negar vestirse como deseara su marido.

La ley, firmada incluso por el presidente pro norteamericano Hamid Karzai, quien gobernó desde 2002 tras la invasión de Estados Unidos, luego fue anulada. Pero en 2002 Hamid Karzai aprobó un “código de conducta” cuyas reglas establecen que “las mujeres no deben viajar sin un tutor masculino y no deben mezclarse con hombres extraños en lugares como escuelas, mercados y oficinas”. La nueva Constitución de 2004 impedía a Hamid Karzai ser reelecto por tercera vez y lo sucedió en 2014 su ministro de Finanzas, Ashraf Ghani Ahmadzai, el mismo que después de jurar resistir tras el anuncio del retiro de las tropas de Estados Unidos, al día siguiente, el 14 de agosto, se exilió con su familia en Arabia Saudita. Como se ve, la lucha de las afganas contra el patriarcado trasciende a los talibanes. 

 Dos décadas antes de que 1949 Simone de Beauvoir escribiera El segundo sexo, libro que sentó las bases para el feminismo occidental del siglo XX con una proclama existencialista: ni esposa, ni madre, ni mujer de fe, en la segunda década del siglo pasado, cuando Afganistán era todavía una monarquía, las mujeres afganas ya se rebelaban al patriarcado.

La entonces reina Suraiya Shahzada Tarzi, educada en Siria con valores occidentales y modernos, hizo públicamente campaña contra el velo, la poligamia y a favor de la educación de las mujeres. Su marido, el rey Amanullah Khan, sostuvo solemnemente durante un acto oficial que “el Islam no requería que las mujeres se cubrieran el cuerpo o usaran ningún tipo especial de velo”. Allí la reina se quitó su velo frente al público y fue imitada por las mujeres de otros funcionarios presentes en la reunión. 

La segunda década del siglo pasado fue un tiempo en el que también otras naciones musulmanas emprendían el camino hacia la occidentalización: Turquía y Egipto, que lograron sostener sus avances, e Irán, que volvió a radicalizarse a fin de siglo. 

El rey afgano Amanullah Khan hizo participar a su mujer en todos los actos. En uno de ellos dijo: “Soy su rey, pero el ministro de Educación es mi esposa, su reina”. La reina Suraiya  fue la primera dama musulmana que apareció en público junto con su marido. 

Pero no iba a durar: los conservadores afganos tomaron esas costumbres como una traición a la cultura, la religión y el honor de las mujeres afganas. El rey Amanullah Khan terminó asesinado y Suraiya murió en el exilio. La monarquía continuó a los tumbos algunas décadas más manteniendo las costumbres arcaicas previas hasta que en 1978 una revolución instauró una república comunista que implementó la igualdad de género. Tampoco duró mucho, porque con la caída de la ex Unión Soviética en 1993 Afganistán se convierte definitivamente en un Estado Islámico, el mismo que resurge ahora después de la intervención norteamericana de veinte años.

Cuando Joe Biden y sus funcionarios del Departamento de Estado, la CIA y el Pentágono se sorprenden por la desproporción entre los hechos, su repercusión internacional y la que ellos esperaban tras la salida de sus tropas de Afganistán denotan su condición de hombres blancos criados en una generación donde la liberación femenina no era como es hoy, quizás, la principal reivindicación global.

Geopolíticamente Afganistán puede no ser un país importante: territorio del tamaño de la provincia de Santa Cruz, solo 30 millones de habitantes al lado de los 300 millones de Pakistán y los 1.400 millones de India, y casi 100 millones de Irán, sus vecinos a este y oeste. Y desde el punto de vista militar, Estados Unidos completó su misión de erradicar las bases terroristas desde donde Al Qaeda planificaba atentados como el de las Torres Gemelas de 2001 (aunque no locales, como el del aeropuerto de Kabul de ISIS). Pero lo que los generales del Pentágono, miembros  de inteligencia de la CIA y expertos en relaciones internacionales del Departamento de Estado no ponderaron es que en el siglo XXI la lucha por los derechos de las mujeres es más universal de lo que en el siglo XX fue la guerra ideológica plasmada como  Guerra Fría.

Son las mujeres del mundo justamente escandalizadas frente a los burkas lo que hace a la retirada norteamericana de Afganistán una rendición mucho más deshonrosa que la de Vietnam. Quien mejor explica el contenido simbólico de las imágenes que día a día se emiten desde el aeropuerto de Kabul es Ayaan Hirsi Ali. 

Ayaan nació en Mogadiscio, Somalia, en 1969. Hija de Hirsi Magan Isse, líder político que se enfrentó al dictador Siad Barre, Ayaan recibió una educación islámica ortodoxa y sufrió la traumática experiencia de la ablación, mal endémico que ataca a las mujeres musulmanas en su más tierna infancia. Con apenas 22 años, y huyendo de una boda concertada con un primo lejano, se asiló en Holanda, donde aprendió el idioma en un tiempo récord y cursó estudios de Ciencias Políticas. En 2001 Ayaan se incorporó al Partido Socialdemócrata y empezó a labrarse una reputación en pro de la defensa de los derechos de la mujer en el ámbito musulmán. 

En 2003 fue elegida diputada por el Partido Liberal y nombrada “Europea del año 2006”. Ese año su libro Mi vida, mi libertad provocó un verdadero revuelo. Su último libro es Presa: Inmigración, Islam y la erosión de los derechos de la mujer. Luego de hacer una película con Theo Van Gogh, ser amenazada y tener que vivir con guardaespaldas en coches blindados, se fue a vivir  a los Estados Unidos y está casada con uno de los intelectuales más brillantes del mundo, Niall Ferguson.

Sobre la salida de Afganistán de las tropas estadounidenses, escribió: “En los últimos días, he llorado lágrimas amargas por las mujeres y las niñas cuyo futuro se ha arruinado sin culpa alguna. He sentido una abrumadora sensación de impotencia, incluso cuando he tratado personalmente de ayudar a sacar a la gente vulnerable de Kabul. Pero esta sensación de impotencia está dando paso a un sentimiento de rabia y de propósito renovado”.

Su testimonio es un reportaje extenso de hoy de PERFIL, cuya lectura es primordial para comprender la batalla cultural que trasciende en mucho a la geopolítica que se  libra en Afganistán.

 

Publicado por: Diario PERFIL - Jorge Fontevecchia-Cofundador de Editorial Perfil - CEO de Perfil Network. – 28/08/21 -

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