Desde la leyenda de las amazonas o las mitológicas valkirias a las reinas guerreras como la británica Boudicca, Artemisia de Halicarnaso o Zenobia de Palmira, pasando por personajes más recientes tipo Juana de Arco o la Rani Lakshmibai india, la participación de la mujer en la guerra se ha movido siempre entre la leyenda y el individualismo improvisado, del que buen ejemplo son las españolas María Pita o Agustina de Aragón. Por supuesto, hay que dejar al margen tiempos contemporáneos porque las Brujas de la Noche soviéticas o las féminas del Tzahal israelí son auténticos símbolos de su incorporación a ese mundo históricamente masculino.
Por eso resulta especialmente llamativo que una sociedad tan
poco igualitaria como la feudal japonesa fuera en la que se desarrolló una casta de
mujeres guerreras, dignas alternativas en su sexo a los
samuráis varones. Se trata de las onna-bugeisha, un pequeño
grupo perteneciente a la elevada clase bushi y que se iniciaron en
el arte de manejar las armas y luchar con vistas a proteger
su honor y hogar cuando sus maridos o familiares marchaban
al frente.
Onna bugeisha significa «Mujer guerrera», pues
aquellas damas se convertían en esforzadas combatientes, si bien se veían
obligadas a compensar de alguna forma su menor fuerza física respecto a los
hombres. Eso se plasmó en la preferencia por armas más adecuadas para ellas que
la katana.
Así, la mayoría eligieron el arco y las flechas o
la naginata (una
especie de alabarda de hoja curva, como se aprecia en la primera imagen), que les
permitían mantener
las distancias; a la inversa, también optaban por las ligeras kaiken y tanto, que eran
variedades de dagas.
La
emperatriz Jingu
La más conocida fue la emperatriz Jingu ((169-269 d.C.), que se hizo famosa por relevar al frente del ejército (y del gobierno) a su marido Chuai cuando éste falleció intentando conquistar Corea. Pero la historia de Jingu es dudosa y muchos expertos creen que tiene más de leyenda que de realidad, habiendo sido creada para explicar el interregno hasta que su hijo Ojin subió al trono Tomoe Gozen
Tomoe Gozen
Hojo Masako
En esa
misma guerra Genji luchó otra célebre onna bugeisha, Hojo
Masako, y ésta parece que sí existió seguro. Era hija, madre y
esposa de shogun.
A la muerte de su cónyuge decidió abandonar las armas y se hizo monja,
pero luego dejó los hábitos y se lanzó a una vida guerrera, siendo conocida
como la Monja
shogun; algo que no debía ser raro porque también se le atribuyó a
Tomoe Gozen, en una de las múltiples versiones de su biografía. Tras una vida
rocambolesca de conspiraciones y peleas, Hojo Masako falleció a los sesenta y
nueve años.
Mochizuki Chiyome
Una variante de onna bugeisha es
la que personalizó Mochizuki
Chiyome en el siglo XVI: tras la muerte en combate de su
esposo, el daimyo Takeda
Shingen le encargó el reclutamiento y adiestramiento de una red
femenina de agentes cuyos componentes recibían el nombre
de kunoichi.
Hacían de espías, llevaban mensajes secretos codificados, asesinaban a enemigos
destacados… Su memoria se ha perpetuado, algo deformada, en varios videojuegos
y animes.
Nakano Takeko
Por último, es obligatorio
mencionar a Nakano
Takeko porque su intensa biografía no se enmarca en
tiempos medievales sino en pleno siglo XIX, entre 1847 y
1868. Dirigió un contingente de onna
bugeishas llamado Joshitai en la
batalla de Aizu, librada durante la Guerra Bolshin, contienda
civil que enfrento al shogunato Tokugawa dominante con un grupo de clanes
opositores que querían devolver el poder al emperador. Las dos láminas del
principio ilustran aquellos hechos. Nakano fue herida de un disparo (un flechazo,
en otra versión) tras cargar contra el enemigo, naginata en mano, al
frente de sus compañeras; para evitar caer prisionera se hizo el seppuku (su más fiel ayudante la
decapitó en plena batalla) y las demás la enterraron en el templo
de Hōkaiji, en Fukushima. En su memoria se celebra un festival
cada año.
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